Antecedentes

Han transcurrido dieciséis años desde que el Equipo de Estudios Comunitarios y Acción Psicosocial se convirtió en una Asociación legalmente establecida en Guatemala en el año 1997. Durante estos años hemos contribuido al proceso de paz en Guatemala, acompañando a comunidades afectadas por la violencia política del Conflicto Armado Interno y otras violencias sociales. Nuestra visión inicial del proceso de acompañamiento psicosocial fue una propuesta teórica en respuesta a los efectos del terror, proponiendo abordajes que permitían crear un ambiente de reflexión y apoyo mutuo y posibilitaba que las víctimas encontraran mecanismos de solidaridad y respuesta a las diferentes experiencias psicosociales que los afectaron individual y colectivamente.

Las experiencias acumuladas han conllevado un crecimiento significativo de nuestro universo de trabajo inmediato: hemos extendido grandemente la cobertura territorial de nuestra acción; además, el trabajo con víctimas de violaciones a derechos humanos se ha extendido al ámbito del acompañamiento en procesos de justicia. También hemos trabajado con víctimas de desastres naturales y nos hemos acercado a otras problemáticas sociales como la violencia intrafamiliar, la violencia de género, el feminicidio, la promoción de la participación ciudadana, atención en crisis y supervisión psicosocial.

Nuestro trabajo de campo nos ha llevado a medirnos con la compleja realidad de los conflictos locales y las dificultades que enfrentan día a día las comunidades, dependiendo de las diversas realidades, con efectos heredados del conflicto armado y los que se generan actualmente.

Hemos asistido a las comunidades y también hemos colaborado con otras instituciones, como las administraciones municipales, entidades del gobierno y del poder judicial. Participamos de actividades de formación profesional, de capacitación y difusión de informaciones; hemos trabajado con la cooperación de gobiernos extranjeros, así como con entidades de la sociedad civil nacional e internacional.

Este bagaje de experiencias ha permitido que todos los miembros del equipo aprendieran importantes lecciones desde sus prácticas, revisando y enriqueciendo constantemente los enfoques teóricos y metodológicos desde una apreciación crítica de la realidad.

Ahora, dieciséis años después, ha llegado el momento de fortalecer y enfocar mejor nuestro trabajo, de institucionalizar nuestros aprendizajes y el desarrollo de nuestros enfoques conceptuales y metodológicos, considerando el nuevo contexto nacional e internacional, para definir un nuevo punto de partida, desde el cual incidir de la manera más eficaz posible en los procesos para la construcción de un nuevo tejido social que nos permita vivir con justicia, equidad y dignidad, y que ha sido tan dañado por la violencia en Guatemala.